Lotto. Enrico della Torre

Inauguración: 18 de septiembre, 20 h

18 septiembre – 20 noviembre 2026

El trabajo de Enrico Della Torre (Italia, 1988) se articula en torno a una investigación sobre las posibilidades y los límites de la pintura como lenguaje y como práctica. Su obra se construye a partir de un dialogo constante entre lo espontáneo y lo premeditado, entre el gesto y la estructura, la decisión consciente y aquello que emerge como consecuencia del azar. Las líneas gestuales, los recortes intuitivos y las superficies monocromas de carboncillo negro conviven en un equilibrio inestable que hace visible la propia condición procesual de la pintura.

Una faceta fundamental de su práctica parte de la recuperación de fragmentos procedentes de pinturas descartadas o inacabadas. Desplazados de su contexto original y reincorporados a nuevas composiciones, estos fragmentos adquieren una autonomía inesperada. Su yuxtaposición produce relaciones de luz y sombra, interrupciones y nuevos espacios dentro del plano pictórico. La pintura aparece así como un territorio susceptible de ser desmontado, reorganizado y reinterpretado.

El azar y el accidente desempeñan un papel decisivo en este proceso, introduciendo una cierta imprevisibilidad en la toma de decisiones y es en ese margen de indeterminación donde encuentran su lugar el juego, la ironía y la autocrítica. El artista interviene a menudo sobre aquellas zonas que considera más logradas o que cree comprender mejor, mientras opta por preservar aquellas en las que permanecen abiertas la duda y la incertidumbre. De este modo, la inseguridad deja de ser un obstáculo para convertirse en una herramienta de investigación.

En la práctica de Della Torre el desencanto hacia los discursos establecidos convive con una necesidad persistente de volver a la pintura generando un espacio ambiguo donde la tradición funciona simultáneamente como punto de partida y objeto de sospecha. Construcción y destrucción, control y accidente, intuición y reflexión permanecen así en tensión, convirtiendo la pintura no tanto en un resultado como en un espacio abierto de investigación sobre sus propias convenciones, límites y posibilidades. Galería Vilaseco Padre Feijóo, 5, 1º 15004 A Coruña [email protected] t. 981 216 252 vilaseco.com

Saco las telas del estudio y las llevo al césped. Las tiendo en el suelo y las voy moviendo imaginando posibles recortes. El espacio en el que estoy trabajando no es muy grande, lo que me lleva a pintar cada tela por separado sin que estén visualmente presentes las demás. Solo al ponerlas tumbadas en el jardín las puedo ver todas. Al rato me echo encima de ellas y miro hacia el cielo. A mi lado hay un libro que compré hace un par de meses: “Lorenzo Lotto: il richiamo delle Marche”, un mapeado y análisis de las obras del pintor en la región italiana de Las Marcas. Cuenta Vasari que, ya en su vejez y acosado por constantes apuros económicos, Lotto decidió en 1554 alejarse de lo mundano y retirarse definitivamente a la región de Le Marche, instalándose en el Monasterio de la Santa Casa de Loreto. Se sabe que aquí, ya sin encargos, intentaba vender sus propias obras a través de algún marchante en subastas públicas, sin obtener ningún éxito. Las piezas que permanecen hoy en Le Marche son, en buena parte, justamente aquellas de su última etapa: las que no logró vender. Frente a ellas, destacan unas pocas tablas de altar procedentes de sus primeros encargos juveniles, piezas mucho más conocidas y apreciadas por el público.

Tras varias visitas a las colecciones he decidido concederme el permiso de entrar en dialogo con estas obras, haciendo de las telas un espacio liminal, una conversación abierta con el trabajo de Lotto. En su desarrollo las composiciones se van desprendiendo de ese punto de arranque a través de un proceso pictórico que desconfía de lo virtuoso y apunta a cuestionar sus propios parámetros y gramática. La instalación se concibe como una extensión del proceso: las piezas han sido realizadas a medida para la sala y dispuestas buscando un diálogo activo con el espacio y con la percepción del visitante. La intención es posibilitar que el espectador experimente la propuesta como un vehículo para la manifestación de su propia sensibilidad, permitiendo que emerja aquello que suele permanecer inhibido, tanto emocional como culturalmente

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